Cómo leer el INCI de tus cosméticos

Dar el paso hacia la cosmética natural y ecológica suele empezar con una pregunta: ¿qué me estoy poniendo realmente en la piel? De repente, te encuentras girando el envase de tu crema favorita y te encuentras con una lista infinita de términos en latín y nombres químicos que parecen sacados de un laboratorio espacial.

Tranquilidad, no necesitas un máster en química para entenderlo. Esa lista tiene un nombre –INCI– y aprender a interpretarla es el super poder definitivo para tomar el control de tu rutina de belleza y evitar el greenwashing.

¿Qué es exactamente el INCI?

Las siglas INCI corresponden a International Nomenclature Cosmetic Ingredient (Nomenclatura Internacional de Ingredientes Cosméticos). Es un código estándar obligado por ley en Europa y gran parte del mundo para que todos los fabricantes declaren los ingredientes de un producto cosmético usando el mismo lenguaje.

La regla de oro: El orden sí importa

Los ingredientes no aparecen ordenados al azar. La ley exige que se listen en orden decreciente de concentración.

Los primeros 3 a 5 ingredientes constituyen entre el 60% y el 80% de la fórmula total.

La regla del 1%: A partir del momento en que un ingrediente está presente en una concentración inferior al 1%, el fabricante puede listar los ingredientes restantes en el orden que prefiera (aquí es donde suelen ir los conservantes, colorantes o principios activos muy concentrados).

Consejo Bio: Si un sérum se anuncia como «con aceite puro de argán», pero el Argania Spinosa Kernel Oil aparece en el penúltimo lugar de la lista, la cantidad real es mínima y estás pagando principalmente por el resto de la fórmula.

El truco del idioma: Latín vs. Inglés

Identificar la naturaleza de un ingrediente en la etiqueta es más fácil de lo que parece si te fijas en el idioma en el que está escrito:

  • Nombre en latín: Indica un ingrediente de origen botánico o vegetal (extractos, aceites vegetales, mantecas o aceites esenciales).
    • Ejemplo: Butyrospermum Parkii Butter (Manteca de Karité) o Lavandula Angustifolia Oil (Aceites esencial de lavanda)
  • Nombre en inglés o término químico: Corresponde a ingredientes sintéticos, procesados o aislados.
    • Ejemplo: Glycerin, Aqua, Tocopherol (Vitamina E)

La «Lista Negra» inicial: 5 ingredientes a evitar en principiantes

Cuando estás empezando, memorizar cientos de componentes es imposible. Para empezar a purificar tu neceser, enfócate en detectar estos 5 grupos.

  • 1. Siliconas (terminadas en -cone, –xane o –conol)
    • Ejemplos: Dimethicone, Cyclopentasiloxane
    • Por qué evitarlas: Crean una película plástica invisible sobre la piel que da sensación de suavidad falta, pero no nutren y pueden ocluir los poros o dificultar la biodegradabilidad en el medio ambiente.
  • 2. Aceites Minerales y Derivados del Petróleo.
    • Ejemplos: Paraffinum Liquidum, Petrolatum Mineral Oil.
    • Por qué evitarlos: Son oclusivos económicos que reemplazan a los aceites vegetales nutritivos sin aportar ácidos grasos ni vitaminas para la piel.
  • 3. Sulfatos agresivos.
    • Ejemplos: Sodium Lauryl Sulfate (SLS), Sodium Laureth Sulfate (SLES).
    • Por qué evitarlos: Detergentes muy desengrasantes que pueden barrer la barrera lipídica natural de la piel y el cuero cabelludo, provocando deshidratación o irritación.
  • 4. Parabenos y Conservantes problemáticos.
    • Ejemplos: Methylparaben, Ethylparaben, Phenoxyetanol.
    • Por qué evitarlos: Utilizados para alargar la vida del producto, pero asociados a posibles sensibilizaciones cutáneas o debate sobre disrupción endocrina.
  • 5. Ftalatos y Perfumes sintéticos.
    • Ejemplos: Aparecen bajo la palabra genérica Parfum o Fragrance (cuando no se especifica su origen natural)
    • Por qué evitarlos: Suelen contener fijadores sintéticos que pueden causar alergias o reacciones en pieles sensibles.

Checklist rápida para tus compras

Guarda estos tres pasos en tu cabeza la próxima vez que vayas a comprar:

  1. Mira los primeros 3 ingredientes: Comprueba que la base del producto sea nutritiva (ejemplo, hidrolatos, jugos como Aloe Vera o aceites vegetales) y no solo agua con aceites minerales.
  2. Busca la botánica en latín: Asegúrate de que los activos que prometen el envase aparezcan en la primera mitad del listado.
  3. Verifica el perfume: Si tienes la piel sensible, busca que el aroma proceda de aceites esenciales naturales (suele indicarse como Parfum* con un asterisco que remite a «de agricultura ecológica»)

Descifrar etiquetas es una habilidad que se entrena. Empieza hoy mismo: elige un producto que tengas ahora mismo en tu casa, dale la vuelta y busca si sus primeros ingredientes están en latín o si encuentras alguna silicona en su composición. ¡Es el primer paso hacia una rutina consciente!

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